"El gran escultor: el tiempo"
Marcel Proust, en su libro En busca del tiempo perdido, tomo 5,La prisionera, describe magistralmente un momento de su intimidad compartido con su querida Albertina.Allí está ella durmiendo en su cama como si fuera un maravilloso tallo sosteniendo una flor.Al observarla nacen en él aquellos sentimientos y sensaciones propios de la juventud. Amor espiritual, instinto carnal.Admira, disfruta de su visión,de su goce.Ella, por el hecho de estar, por la gracia de sus movimientos, de sus sonidos emitidos, por su dormir con hábitos previstos o imprevistos.Por su mostrarse armoniosa.En su contacto físico.Transcurrida la noche vuelve a contemplarla en su tierno despertar.Escucha las palabras que ella le dirige, .El Marcelo se llena de admiración, de ternura.Por supuesto el relato, la vida continúan
Su lectura me hizo reflexionar sobre el amor, la pasión que puede o se despierta en la vida de los ancianos.Ella, de tallo diferente, una flor también diferente.El un observador que lleva avanzados años de amor,de admiración.Otro dormir, otra forma de transcurrir la noche, otro despertar.Diferencias entre las dos edades.Pero ella igual incita a sentimientos,goce.Distintos, por supuesto, pero los despierta.Por el solo hecho de estar.Por la gracia de sus movimientos, de sus sonidos, de su dormir con hábitos previstos e imprevistos Ambas cual calco..En su marchitarse armónico, o por lo menos es así ante los ojos de su admirador.Porque el tiempo, ese implacable escultor había modelado aquel joven cuerpo en ese otro que se ofrendaba a su mirada.Pero también ese mismo y multifacético escultor había modelado, condicionado esa mirada.opacada cual espejo con deficitario azogue.
Una abismal pero humana y natural diferencia.
Chau y hasta la próxima
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