Aparece los miércoles y los sábados

"Dios me puso en tu pagina como un tábano sobre un noble caballo para picarlo y tenerlo despierto" (algo de Sócrates).

sábado, 5 de febrero de 2011

387 Celeste.

 

Voz de sonido muy dulce.Color de cielo. Nombre de mujer. Suave murmullo de corazón tierno.Celeste. ¿ Por qué?. ¿Porqué unir en la evocación ese color extendido sobre la vida y un manto virginal?. Por qué pronunciar mágicamente celeste y un mundo de pájaros, hombres, espíritus invaden mi alma para susurrarme una sola palabra: felicidad. Sí porque siempre asocié ese color a la felicidad, o por lo menos a ciertos aspectos plenos de mi vida interior y física. Un mar y un cielo celestes con una brisa suave acariciándome la cara, me impulsan a respirar profundo, a gozar del sol, a sentirme feliz. Es muy difícil definir ese estado de felicidad, y aunque me resulte imposible determinarlo, hallar la causa. El enamoramiento, el amor también los asocié al celeste. ¡Bellas mujeres etéreas!. Rodeadas de aureolas.¡Celestes!. Celeste para vivir, para soñar, para amar. Porqué no, para morir.
Hay gustos y sensaciones inexplicables hacia los que uno se inclina. Hacia los que se siente atraído sin saberlo. Mas aún sin quererlo ni entenderlo. Como si el instinto y la irracionalidad se constituyeran en un impulso poderoso e irresistible que nos empujan, nos empujan hacia algo maravilloso, superior. Un algo llamado celeste. Y celeste es el cielo hacia donde dirigí siempre mis miradas, mi imaginación y mis sueños.Sueños como meta posible o imposible. Sueños que se repitieron hasta siempre al dormir. Porque volar como un pájaro fué más que una pretensión, una simple quimera, un absurdo o una realización onírica de mi subconsciente, un objetivo mío. Constituyó también una aspiración de la especie humana. Uno lleva consigo ciertos datos culturales que facilitan la realización mental de lo aparentemente irrealizable. Mover los brazos como alas, no es solamente un acto mitológico repetido intelectualmente, sino una acción intentada por el hombre a través del tiempo, de la historia. Y cuando pensamos como hacerlo no podemos evitar, entre otras cosas,la imagen de las alas creadas por Leonardo. Sin embargo mi imaginación simplificó aún más el proyecto. Ni peligrosas plumas pegadas  con
cera, ni complicados mecanismos imitativos de las aves. Lo mío, en este caso particular, mucho más modesto. El acto de mover los brazos y sentir los pies despegados del suelo. Luego la horizontalidad y el vuelo rasante. Ganar altura y planear.¡Volar! ¡Por fin el sueño logrado!.¡Por fin la libertad!. Oir en lo alto sonidos sin origen. Silencio. Zumbidos del aire. Trenecitos de juguete que lanzan volutas de humo precediendo lejanos silbidos. Tierra parcelada en pequeñas cuadrículas de verdes cambiantes. Meandros plateados de ríos inmóviles que se pierden en el horizonte. Matas de algodón suspendidas en el tiempo, como sembradas al azar. Nubes blancas. Todo en un fondo celeste, y como objetivo un punto en el espacio llamado FELICIDAD.
Allí quise ir mil veces. Allí no llegué nunca. Creí que jamás comprendería que no era ese el lugar anhelado hacia donde debía dirigirme, sino que el celeste que me rodeaba , la libertad de mis desplazamientos, la cotidianeidad de la vida, ese era, materializado, objetivizado el punto del horizonte que buscaba y trataba de alcanzar infructuosamente. Esta vez, contradiciendo en forma tan elemental que tenía de volar, me muní de un par de alas, como las diseñadas por Leonardo da Vinci y no precisamente en un día luminoso de sol, cielo y mar celestes, sino en un atardecer tormentoso, oscuro, de verano, ante los ojos asombrados de familiares y amigos, agité las alas en momentos que se desataba una fuerte lluvia, acompañada de truenos y relámpagos. Remonté vuelo.
Dí un par de vueltas por encima de las casas. Sus tejados convertidos en piso rojizo, irregular, abrillantado por un agua comprimida en canaletas. Transformada en voz de gárgolas. Ensayé algunas acrobacias y planeos para familiarizarme con las alas y sin despedirme como huyendo de mí mismo, me dirigí resueltamente hacia esas nubes negras, amenazantes, siniestras. ¡Pero qué subyugantes!. ¡Qué poderoso su influjo!. ¡Qué atracción la suya!. Irresistible. Allá voy, me dije y sin hesitar encaré resueltamente el intento, más que intento, el deseo de sumergirme en esa oscura masa relampagueante. Una extraña sensación dominó mi espíritu. Me parecía que su proximidad espesaba el aire. Que estaba a punto de zambullirme en un ámbito denso, diferente, compacto, misterioso. Para mi sorpresa atravesé las nubes casi indemne, y encontré más allá de ellas un cielo luminoso, diáfano, celeste. Pero perdí las alas. No alcancé a darme cuenta por qué motivo las extravié. En todo sueño suceden cosas inexplicables. Aún así seguí volando con un suave agitar de brazos. Como lo había soñado otras veces o quizá  lo había hecho en otras realidades. Lo cierto  e irrefutable consistía en mi andar de ave, en mi indescriptible sensación de libertad. Busqué una vez más ese punto en el espacio llamado felicidad, y emprendí vuelo hacia él. En mi viaje viví experiencias conmovedoras y sorprendentes. Divisé un conjunto de nubes pequeñas. Estaban allí compactas, casi inmóviles, pero variando de formas constantemente. Interponiéndose entre la felicidad y yo. ¿Era realmente una interposición?. ¿O una superposición?.¿No formaban acaso parte de ese punto tomadas en perspectiva?. Por momentos  al cambiar de aspecto parecían flores, pájaros, mujeres...
Con sorpresa al acercarme, descubrí escondido detrás de ellas un globo. Uno de esos viejos aeróstatos multicolores, con su canastilla intacta que aparentemente vagaba perdido por el cielo. Cuerpo de gajos celestes y blancos, envuelto en una red terminada en barquilla de mimbre. Pendientes de ella lastres corporizados en bolsas de arena; cuerdas y un ancla oscilante. Péndulo eterno de tiempo transcurrido. Navío a la deriva flotando en un mar etéreo e infinito. Portador de ilusiones y quimeras ignoradas. Intenté abordarlo pensando continuar mi viaje en él. Semejaba una animal arisco que uno intenta domesticar. Arisco pero que recela y desea al mismo tiempo el contacto con otro ser. Retrocede cuando uno estira la mano, pero no se aleja  lo suficiente para dar por finalizada la incipiente  y probable relación. Son los primeros escarceos de la amistad. Algo similar me sucedió con el globo. Después de varios intentos conseguí ese primer y clave contacto. Lo siguiente fué una novedosa y alegre entrega mutuas. Me instalé en la barquilla y atrás quedaron las nubes imágenes. Nuevamente ante mis ojos divisaba con toda claridad la meta. Siempre a la misma distancia. Siempre en el mismo lugar.¿O más cerca?. Creí comprender que se alejaba o acercaba según mi estado anímico, mi humor, mis sentimientos. El haber hallado un amigo, el comienzo de una nueva emoción lo acercaron considerablemente. Viví un período de pequeños milagros.¿Sed?. Una micro tormenta provocada por un ángel me proveía del agua necesaria. ¿Hambre? ¿Se tiene hambre cuando se es feliz?. Sin embargo un grupo de querubines y serafines me alcanzaba lo imprescindible. Pero además, a través de mi aventura pude desentrañar un misterio. Los científicos siempre dieron una explicación sobre el color del cielo. Yo descubrí una causa más poética. ¿Alguna vez se han preguntado donde van a morir los pájaros?. Pues aquellos que mueren de muerte natural, que no son víctimas de la agresividad humana, del disparo de un cazador, en el momento que presienten su fin, emprenden vuelo hacia las alturas y en lugar determinado, lo he visto, penetran en la atmósfera y se diluyen transformándose en una masa de celeste intenso. Celeste que luego se extiende clarificándose. Lector, el color del cielo tiene su origen en los millones y millones de pájaros con distintos tonos de plumaje que allí concluyen su último vuelo,entregando generosamente su alegría de vivir, su canto y su belleza en una metamorfosis de denominador común. Plumas, vuelos, saltitos, gorjeos, cantos, su sangre roja... todo transformado en feliz celeste..¿Y en qué quedó mi viaje en globo y mi búsqueda de la felicidad?. Una mañana comprendí que el momento de la separación había llegado. Que debía despedirme del amigo. De allí en más continuaría por mis propios medios. Agitar nuevamente los brazos, convertirme en ave, imitándolas. Mi amigo el globo seguiría su camino, su destino. Ambos comprendimos que no siempre coinciden objetivos y sinos. Lo ví perderse en el horizonte. Su forma de pera invertida transformarse en un punto. Con su ancla meciéndose pendularmente. Marcando un nuevo tiempo, diferente. Esta vez mi objetivo en el espacio llamado felicidad se alejó notablemente. Continué, miré la tierra y desde lo alto ella también me resultó celeste, o parecía serlo. Los trencitos de juguete, sus volutas de humo. Los tejados rojizos. Las pequeñas cuadrículas verdes. Los meandros plateados. Los sonidos, los silencios. Todos envueltos en una aureola celeste. Los puntos de observación cambian la realidad y dan perspectivas o creencias diferentes.¿Y yo?. Bueno yo también presentí que se acercaba la hora del último vuelo. Celeste para vivir. Celeste para morir
Moví los brazos con desesperación. Para llegar a esa dimensión donde nacía el color. Para diluirme como un ave en él.
Disfruté extraordinariamente de mi libertad en el espacio. Mas pensé en la amistad, la nobleza de los sentimientos, la solidaridad, el amor, la vigencia necesaria de la libertad en la tierra.
No he vuelto a volar moviendo los brazos. Lo hago cotidianamente con la imaginación. Comprendí definitivamente que la felicidad es un don para ser compartido. A ella no se llega huyendo sino estrechando manos. Abrazando hermanos. Con los pies bien firmes en el suelo. En la Madre Tierra. Mantener el suficiente lirismo para emprender nuevos vuelos, en viajes con retorno. Desistí de mi propósito de disolverme en el aire. Sí, volví a la tierra. A compartir con mis hermanos nuestros deseos de de libertad, de justicia, de derecho a la vida. Y hoy, cuando miro el celeste del cielo; cuando lo veo surcado por bandadas de pajaritos, pienso con más convicción que nunca que nosotros, los humanos solos o en bandadas, tenemos que seguir luchando para que la tierra sea más celeste.


Chau y hasta la próxima


Nota:aquí finalizo la etiqueta Celeste y otros cuentos .

La ilustración es la tapa del libro.

miércoles, 2 de febrero de 2011

386 Dialogando

 

Inventario Patrimonial N° 8827
Antonio Gargiulo
"Pescadores"
Dibujo, 60 x 47 cm, s/fecha

Pescadores, de Antonio Gargiulo

"Excitabat enim fluctus in simpulo" Cicerón. Agitaba grandes olas en un cucharón.
Cuando nos encontramos en cita convenida intercambiamos a modo de saludo....................................................................................
Luego comenzó diciéndome.............................................................................................................................................................
Yo le contesté algo molesto.............................................................................................................................................................
En tono amistoso en seguida se rectificó agregando...........................................................................................................................
Aclarado en el entredicho comenzamos a analizar el tema......................................................................................................................motivo del encuentro.
El decía que .....................................................................................................................................................................................
Percibí una opinión muy diferente a la mía y le dije con claridad............................................................................................................
Nuestro diálogo comenzó a subir otra vez de tono y aunque el sonido de la voz no puede reproducirse por escrito lo nuestro sonaba más o menos así.................................................
Llamamos la atención de otra gente concurrente al lugar que nos dijeron..........................................................................entre otras cosas.
Pero ya nuestro diálogo no fué igual. Al tener que cuidarnos se perdió la médula del tema.................................y el aliciente para mantener la conversación.
Continuamos hablando pero ya de ..................................................................
El diálogo decaía. Intentamos charlar de otras cosas...................................................Pero esto ya no era motivo suficiente de conversación, que decayó notablemente con intervalos cada vez más largos compuestos de enigmáticos silencios. A ojos vista la invención de palabras como................................................marcaba una languidez evidente. Seguimos diciéndonos.................................................................., pero en actitud entre distraída y de compromiso. Fueron así saliendo de nuestras bocas frases como....................................................................., o estas otras palabras.........................................................................................
Esta última parte del diálogo fué tan insulsa, tan carente de sentido que de toda ella es preferible no te cuente nada.


Chau y hasta la próxima

 

Nota: dedicado a Julia que mañana cumple años

sábado, 29 de enero de 2011

385 La hoz, el martillo y la coz.

  La huelga de Boris Mijailovic Kusiadiev. rev ADN

"La historia de la humanidad está llena de símbolos, en especial los religiosos. Estos dos que menciono fueron los más emblemáticos de la religión de los ateos."


Sabemos claramente que es una hoz aunque es muy probable jamás la hayamos empuñado. Símbolo como el arado y otras herramientas del trabajo del agricultor. El martillo sí es frecuente en la vida cotidiana con independencia de la profesión. La coz, ya lo sabemos es la patada de un cuadrúpedo con alguna de sus patas traseras. En la práctica y la imaginación se la adjudicamos con frecuencia al burro, la mula o la caballo. A la hoz para que se mantenga con buen filo , como a las guadañas  se las martilla apoyada sobre una especie de yunque y luego se la repasa con piedra o chaira. Esta hoz tan útil y ya casi olvidada a través de la historia moderna se transformó en el símbolo junto con su compañero el martillo del movimiento comunista. Ella y él juntos representan al campesinado y al proletariado unidos en pos de la revolución, transformación total de la propiedad, formas de vida que el movimiento auguraba y prometía. Mas, como bien lo sabemos luego de años de hegemonía casi todo se derrumbó, se disolvió como un terrón de azucar, denominada una verdadera implosión. Y afloraron errores, lacras, abusos y rostros del sistema decididamente descalificadores. Pero el cambio del mundo bipolar al unipolar las cosas no mejoraron aunque no es momento para señalar las viejas y nuevas lacras que nos asolan. Los símbolos perdieron vigencia, credibilidad. Las utopías tal como las conocimos en nuestra juventud han desaparecido, y se nota. Como la ausencia de alternativas o el desconcierto de quienes pretenden plantear cambios posibles y racionales. El critianocomunismo de Vattimo, para dar un ejemplo, o el anuncio de que estamos viviendo en el período llamado antropoceno. El proletariado ha cambiado en su composición. Con la revolución científico técnica se han sumado a las fuerzas laborales y productivas en forma masiva intelectuales, científicos, profesionales.Y el campesinado en los países desarrollados tiene protecciones muy especiales competitivas de las que carecen los campesinos de los otros países.
Pero aquí la pregunta específica es de donde partió la coz que pateó la historia. Creo que el mundo capitalista, su gran enemigo fué uno de los grandes impulsores sobre todo desde la guerra fría, es decir rematarla acompañado por los propios errores intrínsecos, sus debilidades, su vulnerabilidad. Pero la coz nació de su interior.. La hoz, el martillo y la coz una trilogía de la que hemos sido por lo menos espectadores. La revolución industrial de la que Rusia estaba atrasada llegó con la revolución de octubre pero la científico técnica  salvo en lo espacial y defensa no se extendió al resto de la producción y no se difundieron resultados hacia abajo en forma suficiente. La fiebre consumista no podía ser satisfecha en especial porque las barreras comunicacionales habían caído. Además el afán productivo, el cumplimiento de planes contaminó y degradó despiadadamente a la naturaleza. El hombre nuevo fué un fracaso.Los pensadores marxistas contemporáneos no supieron dar respuestas teóricas y prácticas a el nuevo mundo que emergía. Algunos aventuraron a sostener que de haberse producido en Alemania o en ambos países el marxismo habría tenido un aporte filosófico actualizado del que careció. Hubo alguien no precisamente un revolucionario pero sí por su brillantez e inteligencia deslumbró al mundo de las letras a fines del siglo XIX y hoy nos sigue deslumbrando. Fué Oscar Wilde que en su texto "El alma del hombre bajo el socialismo" dijo: el socialismo,el comunismo o como se llame el hecho de convertir la propiedad privada en pública sustituyendo la competencia por la cooperación, restablecerá la sociedad en su verdadero estado de organismo sano y asegurará el bienestar material de cada miembro de la colectividad. Dará en fin a la vida su verdadera base y adecuado ambiente. Mas para que la vida alcance su más alto grado de perfección será preciso todavía lago más. Será preciso el individualismo. Si  el socialismo es autoritario, si existen gobiernos armados con el poder económico como lo ya están hoy en lo político, si tuviéramos en suma que soportar una tiranía industrial, entonces la condición final del hombre sería peor que la actual.


Chau y hasta la próxima

miércoles, 26 de enero de 2011

384 Subjetividades objetivas

. Símbolos de Xul Solar Revista Adn

"Las emociones en el hombre son mucho más fáciles de suscitar que su inteligencia" Oscar Wilde.


Le llegó su realidad, la tomó de la mano y se fueron juntos.
Creyó en su existencia, pero no existía.
Así no pudo creer en sí mismo, ni en los demás. No pudo saber de nada. Se perdió la vida. Se perdió la muerte. Le pasó por no haber nacido.
Vió volar un ave maravillosa en una comarca inexistente. Ni cielo, ni ave ni observador.
Creía en Dios, pero Dios no existía.
Creía en la Virgen y su aparición, pero la Virgen no existía.
Jamás creyó en Dios, pero Dios existía.
Nunca aceptó a la Virgen y su aparición, y eso que ella se le presentaba a cada rato.
La subjetividad lo dominaba. La objetividad lo destruía.
Ni subjetivo ni objetivo, a duras penas racional.
Pienso, luego existo. No pienso ¿igual puedo existir?
Solo sé que no se nada. Ya se algo.
Amor subjetivo. Deseo objetivo.
La acechó como un lobo. Jadeando la vió como se alejaba.
Estiró su mano codiciosa. Atrapó nada.
¿Lo objetivo puede ser el ejercicio práctico de lo subjetivo?.
Parecía haber perdido su autoestima, Daba lástima pero igual pensaba.
La subjetividad objetivada es igual a ¿?. Dependerá del contenido y de la capacidad de reelaborarla.
Subjetividades objetivas. Título y tema ,se me ocurrieron de golpe, como sucede con la mayoría de las cosas, pero ahora,  me parece por el momento que se ha secado la fuente. En todo caso seguila vos.


Chau y hasta la próxima

sábado, 22 de enero de 2011

383 Tundra

Un buen tajo, que no es igual a un tajo perfecto. Bien hecho el corte. Pero para llegar a esa perfección se necesitan dos condiciones.Una mano muy experta, maestra, y un instrumento filoso, adecuado: un bisturí. En este caso la muchacha tenía seccionada la garganta de un buen tajo, y el cuchillo debía ser uno de esos de cocina, dentado, que corta mucho pero no con la limpieza y precisión de un escalpelo. No como para transformarse en un instrumento de perfección. Y la mano ejecutante...
Bueno, la mano ejecutante por el momento se sabía que era firme. Quizá varonil, quizá profesional. Pero faltaba sumarle a esa mano , agregarle a ella un brazo, un cuerpo, una personalidad, para conformar un asesino. Y hallar el arma. Arma que contribuiría a confirmar esa diferencia. Entre bueno y perfecto. Entre cuchillo y bisturí.
Esto lo pensó rápidamente el inspector al examinar del primer vistazo el cuerpo menudo de la muchacha tirado, desangrado sobre su cama de cuarto de servicio. Todos los cuartos de servicio se parecen. Son de reducidas dimensiones, como si los arquitectos o constructores utilizaran de sus planos en cambio del espacio sobrante, el inexistente."No tengo lugar para más. He colocado todo lo que el dueño me ha solicitado. He satisfecho todos sus pedidos, gustos y caprichos. La dimensión posible está agotada. Ahora, debo crear el rincón imposible, y allí colocar el cuarto de servicio". Para qué más. Resultado: un pequeño rectángulo en un plano que incluye habitación y baño indispensable. Liliputiense. Eso sí, lo suficientemente cerca como para que ella, la muchacha, se encuentre siempre a mano, y al mismo tiempo lo suficientemente apartada de la vida hogareña. Así son los típicos departamentos construidos para cierta clase media. Allí van a parar, a dormir, a soñar o a sufrir las chicas de cama adentro.
Sí, tirada, pero como dormida. Con los ojos cerrados y el cuerpo en posición casi fetal. En un retorno al origen. En siniestra mezcla de vida y muerte,de nacimiento y de fin. Como si la regresión hubiera sido una actitud defensiva. Un vano intento de inspirar compasión al asesino. Inútilmente. Abierto solamente el tajo en su cuello. Labio artificial donde escapó su vida. El resto en orden, si cabía. No era difícil ordenar esas cuatro cosas, único moblaje, adorno, hábitat. Pero tampoco difícil desordenarlo si el asesino se hubiera movido torpemente. O ella sorprendida no lo hubiera reconocido, resistiéndose. Seguramente el criminal había entrado allí más de una vez sin dificultades. Con segura complacencia. Tácito acuerdo de quien en su labor de todo servicio, incluía además "eso".
MUCHACHA MUERTA PREMATURAMENTE, titularían mal en su momento las crónicas policiales. ¿Prematuramente?. ¿Porqué?. ¿Alguien se muere antes de tiempo?. No. Todo ser cuando nace tiene su tiempo para morir. Y llega a él indefectiblemente. Con toda exactitud. Nada entonces de prematuramente.
Ella murió ese día de navidad. Ese 25 de diciembre porque la muerte la tenía en su lista para esa fecha. Ni el 24 en Nochebuena, ni el 26. Debía ser el 25 en sus primeras horas. Cita ineludible e impostergable. Cuando el nuevo día comienza. Cuando ella recibía subrepticiamente en el mayor silencio, dentro del silencio que siempre hay en toda casa a esa hora. Cuando todos duermen. Cuando el sueño es profundo. O quizá es más profundo porque las pastillas sedantes  surtieron su efecto en los demás. No en el que se levantaba sin ruido y encontraba su puerta abierta para "eso". Recibido sin el menor gemido de placer o de asco. Así estaba acordado. Ninguna luz encendida. Ningún suspiro, ningún rechazo. Pasividad absoluta. Posesión total, entrega fría sin la menor participación. Sin el menor gesto de amor. Acto bestial de madrugada, en negro silencio. Pero ¿con quién?. Al examinar minuciosamente la casa (sus entradas y salidas posibles) quedaba totalmente descartada la posibilidad de un autor extraño a la vivienda. De un intruso que poseyera una llave. Imposible porque la puerta de calle estaba cerrada por dentro. De un intruso que penetrara para gozar e irse. Porque de ser así el todo servcio quedaba descartado. Entonces ya no se trataba de la pasividad, la obligación sin participación. Habría ruidos.  Aunque voluntariamente se lo impusieran, aunque trataran de evitarlo, el amor, el sonido que escapa de los labios sin quererlo, inadvertidamente. ¿Ventanas?. Irrealizable el intento de entrar por ellas en el piso diez y seis de una torre tan particular. Según la mente lógica del inspector los grandes sopechosos eran los cuatro únicos habitantes que vivían allí excluída la víctima. O al menos que decían vivir allí. Y si de estos cuatro dos eran mujeres, la sospecha o la certeza sobre la identidad del criminal quedaba reducida a dos. Salvo...Salvo que el amor fuera de otra naturaleza.Por lo menos esta vez había en la víctima signos de relación, de acto sexual anormal. ¿Y quienes eran esos cuatro? Dos matrimonios mayores. Ni viejos como para no amar, ni jóvenes para amar demasiado. Todos en la edad límite. Y todos con el consabido comprimido para dormir. O que decían tomar para dormir. En noches de indefectible insomnio según contaban al día siguiente. Pero de profundo sueño por lo menos de tres de ellos, a juzgar por lo que regularmente sucedía en esa casa. A esa mano criminal cabía la posibilidad de agregarle cuatro brazos, cuatro cuerpos. Pero por la fuerza utilizada correspondía brazo de hombre. Cuerpo de hombre. O no. Las señoras eran lo suficientemente fuertes y  ágiles como para sumarle a esa mano en la sospecha, una silueta femenina.
-¿Recuerda haber oído algo entre las dos y las tres de la mañana?.¿Se levantó para ir al baño?.¿A qué hora?. A los cuatro el inspector dirigió exactamente la misma pregunta. formulada aisladamente a cada uno de los cuatro sospechosos que merecieron respuestas iguales y diferentes. Semejantes en el principio pero que se iban separando,distanciando una de otra en su desarrollo, en caminos divergentes.
-Sólo sé que me acosté pasadas las veinticuatro ,  luego de cenar mejor que siempre por ser Nochebuena y que al rato , cansada, me quedé profundamente dormida. No se olvide que hace tiempo tomo todas las noches por indicación del psiquiatra un comprimido para dormir. Es parte del tratamiento. Dormí de un tirón. No me levanto casi nunca para ir al baño.
-Me acosté pasadas las veinticuatro. Recuerdo que celebramos Nochebuena. Frugalmente eso sí. Ellos(dirigiéndose a la esposa y al otro matrimonio) están llenos de achaques. Subrayó la afirmación con un dejo de fastidio. Me costó conciliar el sueño a pesar del comprimido. No sé, me parece que ya no surten efecto. Además tuve terribles calambres en las dos piernas, y ella roncaba. Doy fe a pesar de lo que afirma todas las mañanas. Duerme y ronca.(Esto último lo dijo con rencor, casi con odio).
-No, no oí nada y en general todavía no me levanto de noche para ir al baño. Supongo lo haré cuando sea viejo. Se cuidó muy bien de decir cuando sea más viejo.
-Me acosté pasadas las veinticuatro y leí un rato, hasta que la pastilla me hizo efecto. Siempre debo leer algo antes de conciliar el sueño Pero el protesta porque tengo la luz encendida.
-Sí me levanté a las cuatro para ir al baño. Bueno, justo la hora no la sé. Lo que sucede es que una vez miré el reloj y eran las cuatro y cinco y siempre me levanto, me parece que es esa hora. No oí nada.
-Me acosté pasadas las veinticuatro y apreté bien los ojos. Me tapé la cara con las sábanas, como todas las noches, porque ella con esa maldita luz no me deja comenzar el sueño, y el comprimido tarda en hacerme efecto . Estoy tentado de irme a otro cuarto. Sí todas las mañanas a las seis me levanto a orinar. Luego duermo hasta las ocho. No oí nada. Además anoche hubo mucho ruido. Gente festejando, bocinazos. Esporádicos estallidos de cohetes. Pero no escuché nada en especial. En el momento que el inspector decía" deberé detenerlos a los cuatro por  sospechoso", se despertó. Era la mañana del 25 de diciembre. TUNDRA fué lo primero que se le ocurrió. ¿Por qué?. Es muy dificil o casi imposible saber cual es motivo por el que una palabra, una idea aparecen en nuestra mente sin ser llamadas. O se generan sin aparente motivo, intespestivamente.Y lo primero que irrumpió en su conciencia, antes de abrir los ojos, antes de percibir la claridad de la mañana, antes de volver a pensar en su horrible pesadilla fué la palabra TUNDRA. TUNDRA por una fracción de segundo.TUNDRA su imaginación y fantasías.TUNDRA en su irrealidad. Inmediatamente el recuerdo de la pesadilla. Lo distrajo el zurear de una paloma. Recomenzó sus pensamientos. Recompuso el tiempo. Vio a su mujer durmiendo, como siempre. Recordó el caminar de los otros cuando  se levantaban para ir al baño. Esos hábitos interrumpían su sueño. O cuando no se cumplían. El subconciente le avisaba que no se habían levantado todavía. Quedaba pendiente , en suspenso esperando oir los pasos; abrir alguna puerta; oprimir el botón del inodoro;cerrar la puerta; nuevamente los pasos casi arrastrados hacia el otro dormitorio. Si todo esto no sucedía se desvelaba. Permanecía como agazapado en la noche o en la madrugada a la espera del acto fallido. El ruido de la mañana del 25 se fué haciendo cada vez más suave. Cada vez más silencioso en una proporción inversa, en una progresión opuesta con la intensidad de la luz. Como si en un momento dado, la salida del sol al instalarse con plenitud en la mañana, acallara, pusiera sordina a los demás ruidos. Para intensificarse luego, más tarde junto con el calor. Pensó nuevamente en su pesadilla. En su vida. En el piso amplio donde vivían los cuatro juntos desde hacía muchos años. De como esa antigua amistad, la falta de hijos los animó a plantearse un día la vida en común. Y cada uno decidirse a tolerar las costumbres del otro en un verdadero pacto de no agresión. No fué sencillo, porque los defectos, las  manías con el correr de los años en lugar de atemperarse se fueron tornando más rígidas, más insoportables. Como si cada uno, al aferrarse a ellas pretendiera inmovilizar el tiempo. Detenerlo, hacerlo perdurar con recuerdos. Revivir una juventud lejana e irremediablemente perdida. Vano intento por no envejecer. Cómo logró imponer por su carácter dominante algunos de sus gustos. Por eso se usaban servilletas de granité almidonadas. Detestaba las de papel y en cambio al pasar por sus labios, tener entre sus dedos la tela granulosa, semirígida. Era el recuerdo de su infancia y para él una elegante costumbre. Componente de una ceremonia tradicional de su hogar. Con su padre, su madre la abuela y él , hijo único. Todos reunidos en torno a una mesa bien puesta. Con mantel y servilletas almidonadas. Exigió igual rito, igual modalidad. A la hora de almorzar o de cenar pretendía ser servido en unos platos azules heredados de su madre. Platos clásicos , ingleses. Con una guarda gruesa y un dibujo en el centro representando una antigua leyenda china. Donde una pareja de amantes cruzaba un puentecito seguidos de cerca por el padre de la muchacha. Siempre una muchacha presente en su vida.
De niño , en su deseo de crecer y llegar a ellas. Imaginaba ser el novio de la historia. Y agregaba a esos recuerdos el olor a berberechos. Manjar preferido en sus días festivos que ya no podía comer más por orden médica. Pero cada vez que posaba su mirada en el fondo del plato azul ascendía a sus fosas nasales ese olor característico. Saboreaba mentalmente el molusco prohibido. Pensaba en los berberechos y en la joven china sin rostro, de silueta pequeña, como todas las muchachas que servían en esa casa, (condición impuesta por él). Símbolo de una juventud pasada aunque no resignado a darla por perdida. Todos los días en silencio brindaba a la salud y la belleza de la empleada de turno, alzando la copa verde de pie alto, cristal tallado, colmada de vino blanco. Con la idéntica pero roja, donde se servía un dedo de vino tinto que se transformaba en casi negro, como su pensamiento, lo hacía por la pronta muerte de la ya insoportable y para él vieja esposa. En la grande, la blanca con agua mineral apuraba los obligados medicamentos. Copas retiradas todos los dias de la vitrina. Vueltas a su lugar. En fila, en alineación perfecta. Clasificadas por tamaño y color, multiplicadas por un espejo. Su mujer y el otro matrimonio nunca alcanzarían a comprender ni saber el significado de esos dos brindis y esas tres bebidas hechas sucesiva y simultáneamente durante los almuerzos y las cenas. Su ceremonia misteriosa. Pensó en las muchachas que se alojaron en el espacio imposible del plano. Como con su amigo, con la complicidad de psiquiatra lograron convencer a sus esposas que tomaran todas las noches el comprimido sedante. Como hacían la farsa de tragarlos también. Como se turnaban en su deambular nocturno. Uno los lunes, miércoles y viernes. El otro, más viejo los martes y jueves. Esos eran los días disponibles para cada uno. Cómo ambos, cada mañana se interrogaban con la mirada en código secreto.  Cómo algunas servían desenfadadamente el desayuno. Otras con rubor. Pero ellos se escrutaban y comprendían si el otro había utilizado la opción o no. Con el tiempo, los años sabían que esas correrías serían más espaciadas. Salvo cuando tomaban alguna nueva y por un corto período recomenzaban el asedio, la lujuria, los turnos. Cada vez con más urgencias y con más vicios,
-¿Y qué te pareció esta?. Se interrogaban en algún aparte, sazonando respuestas con comentarios y  detalles picantes. A veces más imaginarios que ciertos, relatando proezas sexuales irreales.  Pero cada vez con más frecuencia se quedaba dormido. Y el amigo también. ¿Quien  dormía a quien?. Creían adivinar en las miradas de las esposas durante el desayuno, la misma complicidad de ellos en otros tiempos. Y la misma vergüenza de la chica, o el mismo desenfado. Pero esta última, la asesinada en la pesadilla era otra cosa. Su  juventud y cierto aire oriental lo enloquecieron.  Creyó identificar a la china del plato azul, de la leyenda, y lo peor que parecía invulnerable, fría, como de loza. Cruzó mentalmente innumerables puentecitos. Con ella adelante. Rodeado de dibujos y guardas azules. En un fondo blanco, inmaculado. Hasta que un día a ella pudo amenazarla con el cuchillo de la cocina, mango de madera y hoja dentada. Luego sobrevino la mansedumbre total. Reaparecieron las miradas cómplices entre él y el otro, entre la esposa y la otra. Por primera vez sintió celos terribles. Su espíritu fuerte pero jovial se hizo huraño,agresivo. Torturado le propuso al amigo más dísparara él. No porque pudiera  llevar una intensa vida sexual sino para impedir su uso. Inútilmente. Todos esta vez se la disputaron. Por momentos en lucha sorda, no declarada o en evidente y abierta porfía. No hubo más secretos. Creyó adivinar que alguien asumía el papel del padre de la leyenda del plato, persiguiendo a los amantes. Pensó huir con ella. Llevársela lejos, hacia ese espacio imaginario, infinito, pequeño de su plato azul. Entre árboles, aves, guardas, en un eterno deambular sobre la loza. Abandonarlo todo. Luego comprendió que por encima de su aparente pasión predominaba eso que él creía su conciencia, su comodidad, su rutina. Los límites del plato. De allí no podría salir nunca. Y aceptó a regañadientes compartir un secreto que no era tal. Entre los dos, o entre los cuatro, le daba igual.
Más de una vez tuvo esa misma pesadilla. Casi calcada. Repetida. Con más frecuencia. En proporción a la mayor arrogancia de la chica. A su mayor desenfado y desparpajo. En la medida que aumentaba su poder e influencia sobre los cuatro. Su dominio sobre todos.
Fué creciendo en intensidad la lucha por su exclusividad y posesión absoluta. Siempre se despertaba en el momento aquel, cuando el inspector les cecía:"deberé detener a los cuatro por sospechosos". Ese 25 de diciembre se despabiló en el punto que la conciencia ya había reaccionado y desechado esa extraña palabra TUNDRA que momentos antes invadió su pensamiento. Breves instantes posteriores a la culminación de su permanente pesadilla. Supo ya con tranquilidad, por costumbre, sin la menor agitación, a causa del sueño reiterado que su  mujer seguía durmiendo, como si nada. De la otra pareja que se había levantado a las cuatro o a las seis para ir al baño. La luz del sol filtrada por la persiana iluminó el cuarto casi totalmente. Todos los objetos, los muebles, la ropa, se veían con nitidez. Otra vez la paloma, que sabía blanca lo llamó con su arrullo. Luego , sin asombrarse, con naturalidad, sin el menor gesto de horror, en una actitud indiferente, casi lógica, echó un vistazo a su mano ensangrentada, al cuchillo dentado de la cocina, caído en el suelo, al lado de su cama. Instrumento aproximadamente idóneo para el tajo perfecto tantas veces soñado. Muda y siniestra arma utilizada en su delirio onírico. Muchacha degollada en cuarto de servicio. Novia china que traspondría con su amante el puentecito seguidos de cerca por su padre. Plato azul partido en mil pedazos.
Prestó atención al respirar acompasado y rítmico de su esposa que seguía durmiendo. Y comenzó a pensar, a pensar esforzadamente, ya totalmente despierto y consciente. Dejando de lado otras ideas y sensaciones. Restándole toda importancia a esa mano y a ese cuchillo manchados.
Se preguntó una vez más, ¿pero de donde saqué la palabra TUNDRA?.


Chau  y hasta la próxima.

miércoles, 19 de enero de 2011

381 Batalla entre bandas.

 

Kazuya Sakai 1967  revista ADN

"La vejez es maravillosa, lástima que termine tan mal"  François de Mauriac.
Se reunían en la placita todos los días, si el tiempo lo permitía. Cita obligada para charlar, hacer comentarios, pasar las horas. Profundizar una amistad necesaria a esa altura de la vida donde cada tanto se producía  alguna baja en el grupo y el número se iba reduciendo como si un cerco invisible se fuera estrechando en torno a ellos. Igual, animados como de costumbre no faltaban temas, entredichos, discordias, discusiones más o menos elevadas de tono, interrumpidas con silencios o susurros al paso de alguna muchacha. En general las causas de la  conversación y las disputas, siempre las mismas. Fútbol, política, mujeres, las jubilaciones... Alguien tuvo la ocurrencia de dividir al grupo en dos con el fin de llevar a cabo un desafío decisivo y mortal. Si la muerte ya jugaba demasiado con ellos había llegado la hora de hacerla objeto de sus juegos. Perfectamente  agrupados se encontrarían en fecha y hora y la emprenderían a los tiros hasta que alguno quedara vencedor y dueño de la situación. Munidos de sus correspondientes  revólveres, parapetados detrás de algunos árboles, bancos de la placita, abrieron fuego nutrido casi con algarabía. Los más ágiles caían para levantarse y continuar disparando a repetición con pausas para volver a cargar. Otros más rígidos, semi inmóviles parecían inmunes a los disparos y sin moverse seguían en su faena inmutables. La batalla duró un tiempito. Nadie herido, nadie lastimado. Cuando se les acabaron los rollitos y las cebitas siguieron gatillando simulando disparos con ruidos guturales. Alguno tomó su bastón a modo de rifle y siguió con sus disparos inofensivos.
En medio del alboroto llegaron algunas  esposas, hijos, nietos a rescatar a esos posesos de semejante duelo. Más de uno buscó en el pasto la dentadura perdida. Luego felices se fueron prometiéndose con la mirada, repetir el juego. La tarde caía y había refrescado bastante.
Chau y hasta la próxima

sábado, 15 de enero de 2011

380 Fernando Nadra.

Nadra 

Extrovertido, verborrágico, leal y viejo amigo. Cariñoso, eufórico, con un entusiasmo desbordante a veces digno de mejor causa. La por él elegida, un fracaso. Tuvo una esposa maravillosa Zulma a la que aludo por su trato amable, su calidad de compañera, su deliciosa cocina árabe que disfrutamos con Julia en varias oportunidades. Yo también lo conocí en la consulta. Lo atendí hasta que murió. Seguí de muy cerca su trayectoria partidaria. Leí sus libros. le conocí facetas ignoradas por muchos. Me sorprendió grata y emocionalmente el homenaje post morten con figuras como Raúl Alfonsín, Monseñor Justo Laguna, quienes contaron detalles de sus últimas horas estragado por una enfermedad que me ocultó sistemáticamente. Al regreso de una de mis largas ausencias del país me enteré de su situación crítica y de su muerte. Su ascendente carrera dentro del Partido Comunista Argentino se truncó destruyendo todas sus expectativas, cerrando las posibilidades de un desarrollo exitoso, luego del 16º congreso de su partido en 1982, que pateó todo el tablero de la tradición política con corrientes renovadoras y críticas a un pasado, descalificaciones, o como se habían hecho las cosas augurando un cambio revolucionario inmediato que por supuesto no sucedió. Se crearon irreales expectativas electorales con el retorno de la democracia. Equivocaron el sentido del voto, de las alianzas, del apoyo a candidatos. Quedaron reducidos a un grupúsculo que aún hoy sigue yendo de menor a menor, sin el más pálido prestigio, credibilidad y conocimiento de la realidad. El pobre Fernando quedó envuelto en este dramático desmantelamiento abonado por la caída del muro de Berlín, la disolución de la URSS y del campo socialista. Si no hubiera sido tan trágico daría gracia escuchar las explicaciones del porqué de semejante implosión en boca de los mismos que auguraban un giro definitivo de la historia de la humanidad. Se balbucearon terminologías de significado incierto como el fracaso del socialismo real. A él se lo apartó o se provocó su alejamiento  como a tantos afiliados del PC después de haberle dedicado su vida. Triste fin
Breve semblanza: nació en Tucumán en 1916 y murió en Buenos Aires el 22 de agosto de 1995. Recomiendo para quien tenga curiosidad de informarse buscar en Google Fernando Nadra y allí encontrará datos de su militancia y de su vida. Es bueno poner atención en las dos cartas escritas por su hijo A. Nadra dirigidas a Juan Gelman , la 1º publicada en pág 12, la 2º negada por el periódico. Además ver La utopía posible donde también se lo analiza y caracteriza,
Reitero yo tuve el priviliegio de conocerlo y en importante medida cultivarlo, de haber gozado de su generosa confianza. Le rindo este modesto recuerdo  ya que fué mara mi una persona inolvidable.


Chau y hasta la próxima.