Leo en
Chau y hasta la próxima.
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Chau y hasta la próxima.
"Viene llegando la primavera sembrando flores en nuestro vergel.
los pajaritos revolotean y nos anuncian cuando ha de llover"
Para nosotros, del hemisferio sur, el 21 de este mes comienza la primavera. En su momento, antes que comenzara publiqué un texto sobre el invierno, tema ideal para un anciano que ya ha superado ,muchos, muchísimos. El invierno en el imaginario y en la realidad representa o se lo puede representar cercano a la inactividad natural. La pautada por la naturaleza. La de la hibernación de los osos y otras especies. Las plantas, los árboles. El reposo de las hormigas, a la muerte de las cigarras .La primavera, al contrario es el renacer de la naturaleza, el impulso vital, el apareamiento, la reproducción. Y claro ,todo ese impulso muere cual ola en la playa al bordear la senectud. Es la arena languidecedora, el final de la onda. Colapsa si el impulso tiene como destinatario un anciano. Dificil entonces hablar de la primavera en tal sentido, aunque si es fácil evocar el juvenil pasado. Y de ello mencionaré muy poco. Breves pantallazos. El colegio secundario. La organización de excursiones o picnics. Y en las vísperas mirando el cielo rogando no lloviera, cosa bastante frecuente para esa fecha. Los chicos nos íbamos al Talar de Pacheco en tren, a Quilmes también en tren y luego en tranvía de la estación hasta la costa. Comíamos viandas consistentes en tortilla, sanwiches de milanesa y fruta. Jugábamos al fútbol como posesos. Mas grandes, paseos por las islas del Tigre, el club
Continúo. La admiración por el estallido de la naturaleza, su manifestación estética, las calles ciudadanas llenas de puestos de flores. Y los jardines, y los balcones, el clima, la gente. Comprobar la aparición de yemas en las ramas de los árboles ,los primeros brotes comienzan a reventar. Los días más largos. Que más allá de los ruidos que pueblan el aire de la gran ciudad, se oyen los cantos de los pájaros. Sus trinos, su canto-cortejo. Recorrer los parques y plazas sobre todo los boscosos como el 3 de febrero, donde se los aprecia tan bien. Las cotorras en bandadas cruzando el cielo. Atender las manifestaciones de la primavera, apreciarlas , percibirlas, detectarlas, hasta olfatearlas, es un privilegio que no deberíamos desaprovechar. Son expresión de la vida. Su forma más cabal. Su continuidad. Su cumplimiento milagroso mas allá de la adversidad ambiental. Pero allí está, se muestra, se viste, se metamorfosea. Estalla. Principalmente entre los afortunados jóvenes. Y aunque cambien las pautas culturales que la expresan, celebran ,reciben, ellos igual apuntan a sumergirse, disfrutar, vivir esa maravillosa estación. Por encima de gustos preferencias o pretensiones.
Y aquí debería terminar el blog destinado a la primavera, pero como dije al principio distinto es mencionarla de joven que de viejo. Y yo lo soy, casi en exceso. Y entonces cierro con una nota refiriéndome a un diálogo que leí hace poco y que quizás ya conozcas.
Un viejo en un banco de plaza reflexiona y le dice a su compañero, sentado a su lado."En vez de pensar que estamos en el otoño de la vida, pensemos que estamos en la primavera de la muerte".
Chau y hasta la próxima